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Era una fría y ventosa noche de febrero, concretamente hacia unos minutos que había entrado el día 13 y casualidades del destino, debía de ser martes. Este es simplemente un detalle por el que no soy supersticioso, es más, me gusta el número 13. Durante mi infancia practiqué varios deportes, fútbol, natación, senderismo…Y siempre que podía estaba andando en bici, y como no, echando carreras con los amigos. De todas maneras, el gusanillo del ciclismo me picó en una fiesta de fin de temporada de la Sociedad Ciclista Vitoriana, de la cual mi padre era socio. Esta sociedad tenía un convenio con la Iturribero Txirrindulari Ikastola y los chavalillos hacían una carrera entre ellos también para despedir la temporada. Tenía yo 8 años y me dejaron apuntarme. Las pintas con las que corrí fueron increíbles, pantalones vaqueros, camisa de cuadros, zapatillas deportivas y no os lo perdáis, ¡la bicicleta de mi aita! El resultado de la carrera, pues aunque esté mal reconocerlo, me dejé ganar, quedé segundo aposta. Iba a ganar (eran menos de 500m de carrera), pero vi a “mi rival” totalmente equipado, de arriba abajo, con su bicicletita pequeña, y no sé porque, me dio por dejar de pedalear. Cuando crucé la meta, me sentí mal, me gustaba ganar ya desde entonces. Esa primera carrera “oficial” me marcó para siempre, me enganchó y nunca más me he dejado ganar, otra cosa es que me hayan ganado infinidad de veces… Empecé con 9 años, en la Iturribero Txirrindulari Ikastola. Fue una muy buena época, muy formativa y gratificante. La competición era algo secundario en esa escuela de ciclismo, la formación como personas y ciclistas era lo realmente importante, cosa que hoy sigo agradeciendo. En esta escuela coincidí con chavales como Aitor Kintana y los hermanos Beloki. Con Joseba empecé a pedalear a la vez, el mismo año y entre nosotros solo había un año de diferencia. Aquí empezó una amistad que hoy en día dura. De esta época, guardo un muy grato recuerdo de Fernando Arteaga, el educador que nos enseñó a querer una bicicleta, a cuidarla, a que había que ir siempre bien equipado y vestido, a que primero debíamos disfrutar y que después vendrían los resultados. Además nos enseñó a hacer relevos, a colocarnos en un pelotón, a saber leer lo que va a hacer el rival, etc. Podías ganar, que si hacías algo mal, tenías bronca. En cambio, aunque hicieras el último (siempre tiene que haber un último) si hacías las cosas como él te pedía, te daba la enhorabuena. El último año en escuelas de ciclismo, por comodidad para mi familia, corrí con el Club Ciclista Zuyano, así como los dos años de la categoría cadete. Fueron también unos buenos años, éramos pocos, con lo que el ambiente era muy bueno y familiar. Además, como en casi todos los pueblos, estábamos todo el puñetero día (y algunas noches) en la calle. Esto es algo que yo echo en falta en los jóvenes de hoy en día. Demasiadas consolas, ordenadores, teléfonos móviles, centros comerciales…y poco estar en la calle y hacer todo tipo de deporte. En junior, a falta de equipo en el Club Ciclista Zuyano, volví a la SC Vitoriana, concretamente al potente equipo Bacomat. Aquí, volví a coincidir con Joseba Beloki y Aitor Kintana. Yo soy nacido en el año 74, Beloki en el 73 y Kintana en el 75, con lo que mi primer año de junior corrí con Joseba y el segundo con Aitor. Todas estas temporadas corría tanto en ruta como en ciclocross. Mi actitud en carrera ya estaba marcada por la lucha, la constancia, el gusto por meterme en escapadas; vamos, que era el típico corredor pestoso. Y los resultados siempre eran mejores en ciclocross que en ruta, llegando a hacer tercero en un Campeonato de España de ciclocross y corriendo el Cto. del Mundo. Los años como amateur
Y llegó uno de los momentos claves de mi vida. Los resultados en el ciclismo en ruta eran normales, así que no tenía equipo para pasar a aficionados. Afortunadamente la SC Vitoriana, un grupo de gente super-entusiasta consiguió sacar adelante un modesto equipo el SVC SEGURIDAD, que varios años después llegó a ser un equipo de referencia en Euskal Herria. A este golpe de fortuna hay que sumarle que aprobé la selectividad en septiembre, algo que no esperaba y no había hecho la pre-matrícula para ninguna facultad. El resultado fue un año andando en bicicleta y estudiando inglés. Esto hizo que me centrara, que entrenara y me cuidara como nunca, ganase dos carreras del Torneo Lehendakari y decidiera que quería ser ciclista profesional. Además, adquirí un nivel de inglés que hoy en día agradezco para mi trabajo, aparte de lo que me ha ayudado en mi carrera como ciclista. De este equipo, en el que volví a coincidir una temporada con Joseba Beloki, me marcó su Director Deportivo, Eduardo Pascual. Era (y es) un tío cascarrabias, irascible, pero que me enseñó que sin sacrificio, sin disciplina y sin respeto por tus compañeros (incluidos auxiliares y directores) podías ser un buen ciclista, pero siempre rendirías por debajo de tus posibilidades. Y, así mismo, he de agradecerle que siempre nos inculcara que lo primero eran los estudios, y que si no se podía entrenar o se entrenaba menos, no pasaba nada. La temporada era larga como para poder estudiar y competir, en mi caso, cursaba IVEF. Pero este equipo desapareció. Además yo quería dar un paso más, creía estar preparado para ir a un equipo grande. Y se cruzó en mi vida otro gran director deportivo, Iñaki Juanikorena. Un tío más calmado, pero mucho más exigente. Y el director más zorro, el que mejor sabía leer la carrera de los que yo he tenido. Exigía mucho, pero sobre todo exigía actitud. Y esto es lo que absorbí de él, la actitud y el saber leer las carreras. A esto, se le une que hacía el mejor calendario de España, en uno de los mejores equipos. De esta época me viene el comprender que una de las fuerzas básicas del ciclismo es un equipo fuerte y unido, se puede decir que aquí empecé a aprender el oficio. En este equipo conocí a otro de los que hoy en día sigue siendo un gran amigo, Imanol Aiestaran. En el ciclismo se conoce a muchísima gente, pero solo unos pocos llegan a mantenerse como amigos a lo largo de la vida. Y llegó otro momento clave, verano de 1999. El invierno anterior, estuve apunto de dejar el ciclismo. Afortunadamente, tanto mis padres, como mi pareja Saioa que a día de hoy todavía me aguanta a su lado, me animaron a seguir. Al fin y al cabo, seguía estudiando y no perdía nada siguiendo otra temporada más. Y mira por donde, después de una temporada muy regular (como siempre) en julio debuté, nada más y nada menos que en la Vuelta a Portugal, más conocida entre los ciclistas como la grandísima. Nada más y nada menos que 14 etapas, sin día de descanso. Y mal no lo debí de hacer, incluso un día pillé la fuga buena y fui cazado a menos de 10km de meta. Me gané la renovación para la siguiente temporada con el equipo Matesica-Aboboda, ya que tenía un contrato a prueba. En el 2000, el equipo pasó a llamarse Troiamarisco-Matesica. Después de algún susto (mi manager me aseguró que tenía contrato con un grande de Portugal), firmé con el equipo Cantanhede-Marqués de Marialva. Fueron 3 buenas temporadas, en un equipo que llegó a ser una alternativa a los grandes y aquí conseguí tres de mis cuatro victorias como profesional. Nunca olvidaré el momento en que levanté los brazos, primero en la Oporto-Lisboa de 2001, de la 12ª etapa de la Vuelta a Portugal del mismo año. La otra victoria fue la 1ª etapa del GP Santa María da Feira. Recuerdo también con especial satisfacción terminar en el top10 de tres vueltas como Algarve, Rota de Marqués (hoy GP Santarem) y Alentejo. La pesadilla del Bouygues Telecom
Y….por fin, en 2004 llegó la recompensa a tanto trabajo y tanto esfuerzo. Y llegó gracias a una de las amistades del ciclismo, a Joseba Beloki. Había firmado, así como su hermano Gorka, con el Brioches la Boulangère francés y me llevó con él. Pasé de correr en Portugal ha hacer un calendario de campanillas. Fue como cumplir un sueño, verme en la salida (y meta) de carreras como la Vuelta al País Vasco, Paris-Roubaix, GP Zurich…La historia no fue buena para los hermanos Beloki, de hecho rompieron el contrato a mitad de temporada, pero yo me quedé y renové para 2005.Llegué a conseguir mi cuarta victoria, en la Hessen Rundfart, en Alemania, y clasificaciones de las que me sigo enorgulleciendo como dos sextos puestos en etapas de la Vuelta a España, un top10 en la Clásica San Sebastián, etc…Pero, cuando mejor me iba todo, con un contrato firmado para las temporadas 2006 y 2007 fui injustamente apartado del equipo. Se sembró sobre mí un halo de duda, se me acusó incluso de transportar sustancias dopantes en mi maleta. Y lo peor de todo es que otros equipos, debido a una situación en el ciclismo totalmente enrarecida (a día de hoy aún es peor, con una esperpéntica Operación Puerto cerrada en falso, con un pasaporte biológico que atenta contra la dignidad de los ciclistas, con una obligatoriedad de localización totalmente represiva y abusiva, etc). En su día empecé a luchar en la vía judicial, pero realmente es algo aburrido, duro, farragoso y realmente caro. Así que lo he abandonado (de momento) y me he centrado en mi vida laboral y en mis carreritas de ciclocross (o lo que sea). Desde ese fatídico día que me obligó a dejar el ciclismo profesional de carretera por la puerta de atrás, me volqué en el ciclocross. Intenté seguir viviendo de la bici, con el MTB y el ciclocross, pero no fue posible. Por tanto, empecé a trabajar. Primero en Asper Distribuiciones, uno de mis patrocinadores colaboradores, Born y Hermans, y mas tarde en BH. Actualmente soy feliz con mi situación. Compagino trabajo y ciclismo. Ademas he constatado, que las amistades que se hacen en este mundo, las amistades de verdad, perduran en el tiempo. El futuro, ya veremos, esta aun por escribir.
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